La familia


Ayer se fueron mi papa y mi hermano de Colombia, después de disfrutar de dos semanas de sol y playa, algo de lluvia en Bogotá, viajes y conversaciones con la chimenea prendida en casa. Cada vez lo disfruto más, espero con ganas esos momentos de poder compartir juntos en el año, una o dos veces, verano o navidades, Santander o Colombia, viaje en coche por España o visita sorpresa cuando caiga.

La verdad es que no hemos hecho nada extraordinario, salvo unos días que ellos viajaron al Caribe y conocieron las playas de Santa Marta, el resto ha sido más bien compartir cosas cotidianas. Hemos improvisado algún picnic, fogata, salidas de compras o comidas en restaurantes, paseo por parques o cafés de sobremesa y copas en la noche para celebrar este nuevo encuentro que la vida nos regala.

Es un privilegio poder recibirlos en casa, simplemente por el hecho de vivir gran parte del año en Colombia, les "obligo" a conocer un país que no estaba en sus planes, espero que pase lo mismo con Ghana el próximo año, gracias al trabajo que allí venimos desarrollando. Sin duda, el hecho de estrenarnos como papas ha sido el motivo de este nuevo viaje al otro lado del charco, dejando mi hermano a sus hijos con su madre y abuelas un rato, para conocer a su primera sobrina, de la cual será padrino y espero que comparta con ella grandes momentos a lo largo de la vida.

Hemos cocinado, fregado, comido, conversado, tomado tinto, visto amanecer, dado de comer a las gallinas, caminado o salido a correr. En realidad lo de menos es la actividad, ya que lo más importante es la compañía, todo lo que pudimos compartir juntos cada día. Este es el precio que estoy dispuesto a pagar, para poder dedicar mi vida a un propósito estoy lejos de la familia, no puedo ver crecer a mis sobrinos o compartir más con mis papas o primos, pero sin duda es una decisión propia que me hace feliz y creo que sin duda los pocos momentos que compartimos juntos son mucho más auténticos y especiales, damos lo mejor de nosotros para hacer felices a los otros. Creo que todos tenemos que pagar un precio tanto si seguimos nuestro propósito de vida como si renunciamos a él, pero en este último caso el precio es mucho más alto.

¿Estás dispuesto a pagar el precio?

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