El pinchazo

El otro día iba conduciendo mi esposa de camino a casa y por esquivar un coche se metió en un hueco y se estalló la llanta (Traducción al castellano: realizó un giro brusco y la rueda se exploto al entrar en un bache profundo). Me llamó para ayudarla y comenzó una gran aventura cotidiana.

 

Resulta que eran casi las 8 de la noche y en la vereda donde vivimos la gente se acuesta tan pronto como las gallinas, por lo que salí a la calle y no se veía a nadie. Comencé a caminar a ver quién me podría acercar. Vi pasar un bus pero iba en otra dirección y entonces comencé a caminar por la carretera haciendo auto-stop. Después de un rato de no ver a nadie se me ocurrió llamar al vecino a ver si podía llevarme. En 15 minutos me recogió en la moto y en media hora llegamos al roto.

 

Me pongo a mirar y veo que es algo sencillo de arreglar. Abro el maletero para sacar la rueda de repuesto y en ese momento aprecio que no es una sino dos las ruedas que hay que cambiar, debido a la profundidad del agujero y la velocidad, se estallaron las dos ruedas del lado derecho del autocar. Al rato paran varios coches para intentar ayudar, pero sus ruedas no sirven para nuestro coche y toca esperar. Uno era arquitecto y el otro se dedicaba a inseminar caballos, que divertido, ya hice dos amigos. Llamamos a una grúa y se nos ocurre pedirle la rueda a unos amigos que tiene un coche parecido. Después de varias horas del incidente, estamos cenando en casa de nuestros amigos y riéndonos de lo ocurrido.

 

Al final está claro que no podemos llevar dos ruedas de repuesto por si acaso, que debemos salir de casa confiando. Por lo general, se pincha una rueda y se cambia sin más, son pocas las veces que pasan cosas como esta y estoy seguro que siempre habrá alguien para ayudarnos en la carretera. Doy gracias porque no paso nada grave, mi mujer está bien y podía haber sido un accidente importante. Lo que sucedió esa noche resume mi filosofía en la vida, darse a los demás y confiar que a uno lo van a ayudar, que siempre habrá gente buena y a pesar de que muchos no paren y sigan adelante, al final las cosas se resuelven sin calamidades.

 

Cuesta lo mismo enfadarse que tener fe de que las cosas se van a resolver. Hay que estar agradecido porque muchas veces lo que nos enfada y parece una tragedia, si lo vemos con perspectiva no era tan grave como parecía. Por muy mal que podamos estar, siempre habrá personas que estarán peor que nosotros, así que sonríele a la vida y confía, porque estamos aquí dos días!

 

pd. Prometo que a pesar de esa cara, no me estaba robando la llanta!

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