La naturaleza de la MEDITACIÓN

November 8, 2018

El fin de semana estuve en un valle perdido, entre Cantabria, País Vasco y Castilla y León, por primera vez vi el nacimiento del Asón. Me gustó conocer sus fiestas populares, platos típicos y casonas con balcones acariciando el aire. Hacía frío, bastante frío, y disfruté sintiendo el aíre en la piel, durmiendo abrigado en un albergue de antaño. Se trataba de una casona tradicional, reformada en medio de la nada. Al levantarme contemplé como la niebla tapaba las montañas, como el valle despertaba. En seguida estaba todo más claro, se veía el rocío y el agua en los campos. Todo era mágico, el perro en la puerta, café en la mesa y senderistas dispuestos a comenzar una ruta de domingo por las crestas.

 

Ha sido un fin de semana totalmente improvisado, acompañado de mis sobrinos y familia, sin esperar nada extraordinario. Sin embargo, ha sido algo especial, sensaciones únicas difíciles de olvidar. Cada vez que salgo de la ciudad, surgen mis dudas sobre querer regresar, confirmo mi deseo de vivir cerca del mar y rodeado de naturaleza cada día por toda la eternidad. Respiro y siento el momento, escucho sonidos y me emociono, veo y admiro el paisaje con otros ojos. Se que aquí esta mi lugar, no en el valle de Soba pero si en la naturaleza sin necesidad de muchas cosas. Se cruza un zorro en nuestro camino, arranca el vuelo un águila y observamos desde el puerto de Alisas el Cantábrico. Cosas simples pero no sencillas, pues hace falta mucha práctica para que no pasen desapercibidas, eso es lo que trato de aprender cada día.

 

Me doy cuenta que miramos y no vemos, que recorremos pero no conocemos, escuchamos pero no oímos, sentimos pero no recordamos lo vivido. Cada día crece el número de personas que hacen turismo, pero cada día son menos los que viajan no solo para cambiar de sitio. Se trata de viajar para uno mismo, no solo para tomar fotos o dar envidia a los amigos, sino para cambiar de ideas y entender que hay caminos distintos.

 

Son muchas las personas que llevan vidas de Zombis, como el que vimos anoche cruzar por la carretera, es broma, aunque seguro que alguno andaba cerca. Se trata de personas que pasan de puntillas por el mundo, que están rodeadas de castillos y encantamientos y no se sienten como Don Quijote parte del cuento. Personas que no son capaces de liberarse de su mente, que están bajo altos niveles de estrés y no son capaces de ver. Corren de un lado para otro, madrugan mucho, trabajan más y descansan poco. Tratan de sobrevivir entre egos y miedos, tratan de sacar la cabeza y combatir el aburrimiento. En realidad no se si son capaces de entender, de disfrutar de la soledad que esconde el amanecer, de las historias alrededor de una taza de té, de los pequeños momentos compartidos con amigos en la ciudad que los vio nacer, de una lectura acompañada del atardecer.

 

Llevo un año meditando y creo que me está ayudando. En realidad no me siento en mindfulness todo el rato, ni me gusta esa palabra ni creo en el coaching barato. Simplemente no espero milagros, solo trato de quedarme en silencio y concentrarme en la respiración, sin pensar en nada pero prestando atención. Es evidente que no lo logro, se vienen ideas, pensamientos y recordatorios. Mi mente no para, esta muy activa y trato de calmarla. Funciona a veces, pero tiene sentido intentarlo, solamente para saber que se puede, para sentirme enfocado. Esta técnica no es mágica, pero después de un año trabajando, de 10 a 20 minutos genera un impacto. Siento que me está ayudando. A veces sigo actuando por impulsos y en modo automático, pero siento que otras soy capaz de identificarlo, de parar y pensar antes de dejarme llevar. También me ayuda a concentrarme, a organizar la mañana en bloques de tiempo y cumplir las tareas programadas para cada momento. Otras veces me ayuda a estar más presente, a escuchar con intención o simplemente observar con curiosidad.

 

Son pequeños avances que me ayudan a crecer cada día un poco más. Creo que meditar es genial, porque no espero un cambio inmediato, no busco consejos rápidos, sino procesos para entrenar y mejorar, sabiendo que es necesario esforzarse para lograr un avance. Si no los has probado ya, descárgate Insight Timer y no esperes más!

 

 

 

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