Mi camino a la santidad

June 20, 2018

Una amiga me describió una vez como apóstol del siglo XXI y considero que ese es mi ideal, la meta que quiero alcanzar, pero con mi estilo y manera de hacer las cosas, suponiendo que eso pueda ser posible, pues Dios es quién escribe los renglones torcidos de nuestro camino y destino.

 

En ese orden de ideas, observo cada día errores, fallos, juicios, deseos, pasiones, impureza y otras sensaciones que me alejan de ese ideal. Al ser humano, considero que esa imperfección es innata, pero no por ello me conformo con decir que soy así y que no puedo cambiarlo. Acepto mis limitaciones, mis oportunidades de mejora y entreno cada día para construir la mejor versión de mi mismo.

 

Me voy conociendo haciendo, hoy pienso una cosa y mañana otra, voy en busca de la verdad y se que el único camino para ella es el fracaso. Me he hecho amigo de este proceso, en el que intento hacer realidad ideas y proyectos de una manera autónoma, para darme cuenta que no dependen de mi, sino que el único autónomo es Dios y vela por este sendero de iluminación y realización en el que estoy caminando. Debo reconocer que todavía me afecta la opinión externa cuando no logro lo que me propongo, pero he aprendido a refugiarme en los comentarios positivos, que me ven como la persona que quiero llegar a ser en lugar de la que soy ahora, que creen en mi y la misión que Dios me ha encomendado, que saben que mis obras son más grandes que yo, pues Dios hace a través mío lo que considera necesario y solo puedo sentirme orgulloso de ser utilizado.

 

Para ilustrar este concepto, debo mostrar un ejemplo concreto, que permite mejor su comprensión y respeto. Cuando comencé a dar conferencias, trabaje mucho viendo otros conferenciantes, observando sus técnicas y diferentes estilos, su movimiento y conexión con el público, su carisma e iluminación repentina. Pero cuando comencé a ser yo el que hablaba, me di cuenta que no había guiones escritos, que en determinados momentos las historias fluían de una manera única y que mis palabras ya no eran mías. Se producía una conexión mística con el público, de manera inconsciente yo seguía, pudiendo expresar mejor las ideas y transmitiendo una inusual energía. Me mi cuenta que entraba en el estado de flow que hace unos años comenzó a ilustrar la neurociencia, aunque Dios le pondría el nombre de gracia, más castellano y preciso, para llamar a las cosas por su nombre y sin utilizar vocabulario fino.

 

Entonces me doy cuenta ahora más que nunca de la importancia de la frase “ora et labora”, que adorna una de las estancias del monasterio benedictino que visito cada año, donde me refugio y conecto, donde reflexiono y aprendo. Estoy comprometido con la verdad y la vida, con la búsqueda de significado y sentido diario. Estoy comprometido con observar el camino para tratar de transmitir algunas enseñanzas universales, que inspiren y le den sentido. Para ser mensajero de esperanza y abrigo, para ser fuente de inspiración y conexión con lo divino.

 

En este proceso encuentro muy útiles las rutinas, que me ayudan a crecer en varias direcciones y complementan la construcción de sabiduría y seguridad en mi vida. Considero que el reto es grande y no confío del todo en lograr mi propósito, pero me anima dedicar una vida entera a una causa tan noble aunque me quede a las puertas del reino prometido. Trabajo para algún día ser garante de Paz y empatía, para desarrollar un autocontrol y filosofía de la no violencia que admiro.

 

Fisicamente trabajo haciendo estiramientos, abdominales y corriendo con regularidad. Mentalmente lo hago viendo vídeos, leyendo artículos y libros, escuchando nuevas historias y trabajando en silencio. Espiritualmente crezco cultivando la soledad, el agradecimiento, la oración y la meditación o lecturas que refuerzan la moral. Socialmente trabajo en mejorar mi escucha, darme a los demás, dedicar tiempo a mi circulo de genios y construir capital social; compartiendo mis ideas con público y conectándome con comunidades y zonas desfavorecidas para conocer mejor a la humanidad; Hackeando mi naturaleza pero sin perder mi esencia.

 

Hoy miro hacia atrás, es mucho el camino recorrido, me regocijo en el gran crecimiento logrado y la persona que me he convertido. Pero no me quedo contemplando desde la azotea sino que bajo a tierra y sigo construyendo la estrategia. Se que vendrán momentos difíciles como difícil es la vida, pero no le tengo miedo a la ira, a la maldad ni oscuridad que conspiran. Se que no estoy solo y solo debo escucha la voz que me guía, desarrollando mi intuición cada día, dejándome en libertad pero llamando a la responsabilidad. Siento fortuna por haber elevado mi nivel de conciencia. Siento un privilegio enorme que no es compatible con la indiferencia. Siento que mi vida tiene sentido en mi relación con los otros, conociéndome mejor para compartir mejor, equivocándome para acertar, acertar para darme cuenta que esa no era la verdad, probando y jugando, sufriendo y riendo, soñando y haciendo.

 

Llegan a mi vida maestros espirituales, grandes gurus y personas normales. Siento que he desarrollado una visión crítica, que me ayuda a identificar la verdad en el mensaje y desarrollar sensibilidad hacia las personas y sus diferentes naturalezas y realidades. Abro los brazos para recibirlas, para escucharlas y agradecerlas, para aprovechar la oportunidad de tenerlas cerca. Viajo para conocerlas, me dejo inspirar y llevar por el viaje de sus historias, de sus caídas y aspiraciones más elevadas, de sus conversaciones y miedos o dudas humanas. También trato de ser maestro y compañero de camino de otras personas, que están viviendo momentos personales de cambio y necesitan apoyarse en alguien. Cumplo con mi deber de ser hijo de Dios y me entrego a la gente, dedico voluntariamente parte de mi tiempo a ello y no desisto en el intento. Creo que cada día somos más los que nos enfocamos en dar, crezco para ser mejor y entregar más valor. Solo así podré cumplir con la verdad, con mi sueño de la santidad, con la posibilidad de crecer indefinidamente en el amor a Dios y a nuestros hermanos como decía Jacques Philippe, mi mantra personal.

 

 

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