¿Cómo me identifico con Naomi Klein?

Acabo de disfrutar la lectura “Decir no NO basta”, contra las nuevas políticas del shock por el mundo que queremos, de Naomi Klein. Excelente lectura que narra detalladamente cada una de las múltiples políticas de terror que predominan contra la población para el beneficio de las corporaciones. Me gustaría compartir algunas de sus ideas y reflexionar al respecto:

 

1.- NO LOGO Nos encontramos en la era de las empresas No Logo, marcas huecas, grandes corporaciones que venden estatus y estilo de vida (fabrican marca y no tanto productos), pero que deslocalizan sus fábricas y explotan a trabajadores especialmente en el continente asiático.

 

El éxito de esta tendencia, tiene que ver con el profundo deseo humano de formar parte de una tribu, de un círculo de pertenencia. El verdadero valor está en el marketing y nuestra cultura se vio progresivamente inundada. Desde que nos levantamos vemos más de 2000 anuncios diarios, más preocupante aún los que se dirigen a los niños pequeños. La contaminación visual y auditiva de las ciudades nos desconecta de la naturaleza y de nuestra esencia.

 

De sobra es conocido el discurso capitalista, ejemplificado en la figura de Trump, que cada día gana adeptos a este Neoliberalismo (que sostiene que el mercado siempre tiene la razón), que presume de generar más riqueza y distribuirla a través del goteo de arriba abajo, de las empresas y los que más tienen, erigiéndose como los nuevos héroes de la actualidad, confiando en que el capitalismo solucionará los problemas actuales de la humanidad. Nada más lejos de la realidad, cuando las desigualdades crecen y la riqueza mundial se acumula entre el 1% de la sociedad.

 

2.- DOCTRINA DEL SHOCK La expresión “doctrina del shock” describe la táctica, sumamente brutal, de utilizar la desorientación del público que trae consigo un shock colectivo -guerras, golpes de Estado, ataques terroristas, desplomes del mercado o catástrofes naturales- para impulsar medidas radicales favorables a las grandes empresas. Su objetivo es una guerra sin cuartel a la esfera de lo público y al interés común (que lo privado es mejor que lo público).

 

Un estado de shock es lo que se produce cuando se abre una brecha entre los acontecimientos y nuestra capacidad inicial para explicarlos. Todo el mundo salvo el 1% ha ido perdiendo seguridad laboral. Por mencionar un dato, a aumentado el número de suicidios, sobredosis y consumo de alcohol entre los jóvenes blancos sin título universitario en Estados Unidos; un estudio de Harvard de 1999 ya lo denominó “muertes por desesperación”.

 

Atentados como el 11-S en Nueva York o la bomba en los trenes de Madrid son utilizados políticamente para tomar decisiones difícilmente aceptadas en tiempos de calma, aunque a veces no siempre salen como se esperaban. Se generan golpes de Estado y se inician guerras para buscar el lucro de las transnacionales al precio que sea.

 

3.- MIGRACIONES Cuando las personas pierden la esperanza, se dejan llevar por el miedo. En Estados Unidos y Europa, la instigación del miedo a que todos los inmigrantes se queden con los empleos, abusen de los servicios sociales y erosionen la cultura ha sido un factor movilizador, una teoría de supremacía racial que da respetabilidad legal a todo un sistema de quiebra moral.

 

Las “crisis migratoria” pone nerviosos a muchos, pero las crisis que provocan las migraciones parecen no preocuparles tanto. Desde 2014, se estima que 13.000 personas se han ahogado en el mar Mediterráneo.

 

En este mundo en que vivimos y en el que falta humanidad, no somos conscientes de nuestra parte de responsabilidad. Cuando yo rechazo a los refugiados griegos, a los inmigrantes Africanos que pierden la vida en el Mediterráneo o a mis hermanos Venezolanos que cruzan la frontera para salvarla estoy siendo complice del sistema y me separo de los demás. Cuando yo vivo desde el miedo que nos venden los informativos o noticieros, los políticos y los periódicos de tirada nacional, y me creo las historias de que todos los Venezolanos son ladrones y bandidos nada más, no me puedo enfadar si soy Colombiano cuando dicen que todos los Colombianos son narcotraficantes, todos son como Pablo Escobar.

 

Cuando vivi en Ciudad Bolivar, uno de los megaslums más grandes de Latinoamérica (ya la palabra megaslum no es imparcial), me di cuenta del daño que hacían los estereotipos, y como los noticieros se ensañaban con la población que allí vivía, hablando solo de los asesinatos, de los robos de celular y peleas entre barras de fútbol a matar. Se creaba un estigma social, que en general afectaba a todos los vecinos del sur de Bogotá.

 

Pero yo creo en la bondad humana, el gran corazón que vibra en la mayoría de las personas, que en tiempos de dificultad están dispuestas a ayudar, que crean comunidad y desean vivir en Paz.

 

Hoy en día, nos encontramos con fascistas y senófogos de extrema derecha que proliferan en Europa y Latinoamérica, que promueven la diferencia en lugar de la igualdad, el negocio de la guerra en lugar de La Paz, con sus discursos llenos de ira, promoviendo la misoginia y el rechazo a colectivos vulnerables, ignorando el cambio climático y la esclavitud mundial.

 

Pero el anhelo humano de comunidad e interrelación nunca va a desaparecer. Hay esperanza si reconstruimos nuestras comunidades y empezamos a obtener de ellas más sentido y la sensación de tener una buena vida, claves para la supervivencia colectiva de la humanidad.

 

¿Cómo desprendernos de la idea de que lo que poseemos es lo que nos protege?, ¿No será que lo que poseemos nos posee?. La seguridad proviene de la comunidad, de la solidaridad. La seguridad se basa en la solidez de mis lazos, no en mis posesiones nos comparte Naomi, y nos invita a dar el salto, a firmar el MANIFIESTO.

 

Y tu, ¿Cómo te identificas con Naomi Klein?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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