Una semana negra

August 20, 2018

Acaba de terminar una de las semanas más negras de todas las que llevo en Colombia. Si, oyes bien, una semana negra, como el carbón, como Usain Bolt, como el Río Bogotá, como el Coltán. Se trata de un serie de acontecimientos únicos, sin precedentes, concentrados en un semana gris, estresante, inolvidable.

 

- El lunes comienza mal, me miró al espejo y me está saliendo un herpes en el labio sin avisar. Voy a renovar mi VISA y me informan que me encuentro en situación ilegal, que no la puedo solicitar sin un salvoconducto que me permita regularizar. Comienzan cuatro días de 7am a 4pm metido en Migración y Cancillería, encontrándome con demonios y verdaderos ángeles, con personas sin alma y otras con propósito, que construyen país desde su vocación de servicio y amor al prójimo. La verdad es que se dan en número igual, jóvenes y adultos, altos y bajos, tristes y alegres, pero unos vivos y otros muertos vivientes. Me pregunto si 20 años en el mismo cargo pueden acabar con la pasión y la vocación de servicio de los funcionarios.

 

Finalmente, tras cuatro días de gestiones interminables, de pagar el doble de lo corriente, entre sanción administrativa, estudios, cédula y visa, de comer sandwich de 3 quesos en tostao y leer los diálogos de Platón, de caminar de un lado para otro, realizando fotocopias y tramites como loco, al final lo logro. Consigo mi VISA a tiempo para regularizar todo antes de mi viaje a Ghana, para estar legal antes que nada.

 

Esta semana me sirvió sin duda para valorar la fortuna que tengo, sobre todo comparado con los demás, ya que me encuentro salas llenas de Venezolanos que huyen de su país con lo puesto y buscando una oportunidad, escucho historias de prostitución por 15.000 pesos en Maicao que me hacen temblar, veo multas de 400.000 pesos que incluso a mi asentado en el país me cuesta pagar, observo las barreras tecnológicas para realizar cualquier trámite que complica todavía más cada gestión si cabe, me indigno con el nombre de la plataforma "No Más FILAS” para solicitar turno, cuando llego y tardo dos horas para cada asunto. Que gran aprendizaje, que buena experiencia para el alma, para humanizarme y conectarme con mis hermanos ilegales, que están en la lucha para salir adelante.

 

- Llega la noticia de mi VISA el miércoles y recojo a mi esposa de la universidad feliz, alegre y con ganas de celebrar. Vamos de camino a casa y me da por parar, para comprar un jugo que ella me pide y conocer un lugar nuevo que siempre quisimos visitar. En 5 minutos viene un auto, nos rompe la ventanilla de atrás, saca la mochila con el ordenador de mi esposa, cartera, tarjetas y otras cosas y se dan a la fuga sin más demora. Gracias a Dios estamos bien, mi esposa se llevo un gran susto y varios días de disgusto pero todo paso de la mejor manera y sin consecuencias funestas.

 

De nuevo, viene la tristeza, porque el seguro no cubre nada del problema, porque se pierde mucho trabajo adelantado sin copia de seguridad y toca renovar todos los documentos para volver a la normalidad. Rabia porque haya personas malas dispuestas a actuar, a robar lo que no es suyo sin mirar atrás, a complicar la vida de los demás sin pestañear. Aunque no puedo justificar este hecho, tampoco dejo de conectarlo con la necesidad que esta semana observo, en un país tan desigual donde no encontrar trabajo para algunas personas es un hecho.

 

Llegamos a Fiscalía y Dijin para denunciar y de nuevo 50% de probabilidad, en un sitio una mujer sin igual, leyéndonos de memoria el horario y trámites a realizar, insensible a nuestra situación y las quejas que comentamos sobre la plataforma virtual de su institución. En el otro lugar, dos policías con ganas de ayudar, que nos escuchan como si fuese la primera vez que conocen de un acto igual, como si tuviesen todo el tiempo del mundo para nosotros y no importase nada más, una sensación enriquecedora que alimenta la esperanza, de que más personas eleven su nivel de conciencia, para vivir en un mundo más justo y más humano.

 

- Llega el viernes y me dedico a resolver la compra e instalación del vidrio roto y limpiar el carro de cristales del robo. De nueva una experiencia inolvidable en el 7 de agosto, daría para escribir un libro lo que sucede en este lugar de la ciudad donde uno encuentra de todo. Pero la tercera noticia gris de la semana es un artículo de denuncia en los principales medios de Colombia, sobre presuntos abusos de un líder social amigo y reconocido. Se trata de Pedro Medina, ex-presidente de Mc Donal´s en el país y fundador de Yo creo en Colombia.

 

Se trata de una noticia que me entristece mucho y consigue incluso que alguna lágrima se derrame de mis ojos, impotencia y malestar que no se como explicar. Independientemente del veredicto de los jueces y el resultado del proceso, de que la noticia sea cierta o se trate de una manipulación y ataque contra una persona en concreto, considero que es una noticia triste en todos sus aspectos.

 

Si la noticia fuera verdad, si los hechos se logran demostrar, lo que me causa tristeza es saber lo difícil que es lograr líderes sociales que contribuyan en la construcción de Paz, que generen un impacto tan grande como el suyo a través de la palabra, uno de los mejores cuenteros a nivel nacional (como el dice "las historias que no se cuentan no cuentan”) y que ayuden a cambiar la historia que todos nos contamos, el orgullo y sentido de pertenencia de Colombia. Creanme que en un país donde cada día mueren líderes sociales, que luchan por el pueblo, la madre tierra, contra transnacionales, grupos guerrilleros o paramilitares, que creen y trabajan por la Paz y la Justicia Universal, la perdida de uno de ellos o el escándalo sin igual, es francamente de lamentar, especialmente por aquellos ciudadanos que trabajamos para el cambio.

 

Si por el contrario como a mi me parece, se trata de una noticia infundada, de hace muchos años y sin graves consecuencias demostradas, un ataque sin escrúpulos y con motivos ocultos, resulta también muy triste el asunto. En un mundo donde los medios de desinformación pertenecen a los poderosos, creadores de opinión que suben y bajan a personas del montón, y considerando lo difícil que es lograr posicionarse como trabajador social, que tu labor sea reconocida, tu opinión solicitada y valorada, que te consideren un influenciador, tengas seguidores y admiradores en cada rincón, resulta también vergonzoso y muy doloroso este acto de corrupción.

 

De nuevo, aprendo lecciones cada día, viviendo experiencias, rodeándome de personas, con los oídos despiertos y el corazón abierto, dejándome emocionar, acercándome lo más posible a la realidad, a las personas vulnerables y necesidades de la comunidad. Esta semana negra empieza a despejar, ya es sábado y la luz de los aprendizajes empieza a brillar, recojo algunas ideas en este texto y dejo que empiecen a macerar, seguramente resulten lecciones únicas imposibles de olvidar.

 

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