El amigo de los animales

Ayer estuve visitando un lugar mágico, donde veraneaba de pequeño con mis padres y mis abuelos, donde me resguardaba del sol y pasaba las tardes jugando, donde comencé a construir mis recuerdos de una infancia feliz, sin darme cuenta de que este era un privilegio que damos por descontado pero lamentablemente no disfrutan todos los seres humanos.


Ayer volví a la Campa de la Magdalena, a visitar a Félix Rodríguez de la Fuente, allí donde lo recordaba, allí donde no pasa el tiempo y el lugar sigue igual que en mi recuerdo. De pequeño no entendía bien quien era ese señor al que llamaban “el amigo de los animales”, pero me encantaba subirme a la estatua, jugar con el perro y hacer trastadas. Lo primero que confirmo es que no era un perro sino un lobo, que había troquelado con la técnica del premio Nobel Konrad Lorenz para estudiar su comportamiento. Después me llama mucho la atención la fecha, bien grande indica que se erigió en 1981, el año de mi nacimiento, tendrá algo que decirme este dato numérico.


Félix nos protegía y nos acompañaba en esas tardes de verano, pero también en esta época de incertidumbre y de caos. Al terminar de leer su biografía estos días, me doy cuenta de la capacidad de predicción y visión de este incansable viajero del mundo. Creo que estamos llamados a recoger su testigo, a cuidar y proteger la naturaleza y los animales salvajes, a vivir la aventura de la vida y encontrar el lugar del hombre en la tierra, como Sapiens Sapiens que viene aquí a compartir sus ideas y pensamientos con otra comunidad de humanos, para después convertirse en polvo pero haber contribuido a la evolución de la especie y el entorno.


Este divulgador ya intuyó la invención de internet antes de su creación, el cambio climático muchos años antes de su popularización, la importancia de los pueblos, el ganado y sus gentes en la lucha contra los incendios, la preservación de nuestros artes y oficios, nuestro folclore y nuestros espacios naturales o especies en peligro de extinción. Este hombre hablaba igual a un campesino que a un político, se desapegaba de sus comodidades y vivía ligero de equipaje, le gustaba la velocidad y la aventura, el silencio y la soledad, los viajes y la madre tierra.

Sin conocerlo su mirada me habla, su libertad y convicción me impulsa, sus logros me dan alas, uno de los grandes agentes de cambio del siglo pasado en España me anima a la eutopía de dedicar mi vida a una causa, a inspirar a cientos, a miles o porque no a millones de personas, a trabajar por el bien común y abordar los grandes retos globales.



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