El viaje

Con el paso de los años me he dado cuenta que no me gusta hacer turismo, no disfruto visitando los monumentos que visita todo el mundo, no me gusta hacer fotos que luego no revisare o hacerme selfies para impresionar a gente que no me conoce; no me gusta comer en los restaurantes de moda, me desagrada ir de compras, no me gusta sentirme un turista y gastar dinero a toda hora.

En lugar de eso, me he dado cuenta que menos es más, que prefiero compartir con un amigo en su ciudad natal que visitar el mejor parque de atracciones local, prefiero conversar que disfrutar de un Aquapark, descubro la belleza sin tener que ir a un museo, observo el mar y calma mi desasosiego, camino por cualquier lugar, hago la siesta y me tomo un café, nada mejor para disfrutar donde quiera que esté.


Siento que ya no tengo 20 años, estoy agradecido por haber vivido en Londres y en Manhattan, ya disfrute unos buenos años de Madrid, he visitado gran parte de Latinoamérica, he cruzado en tren la India y sigo viajando cada vez que puedo a Ghana, no hecho en falta nada. En realidad con el paso de los años he aprendido a viajar siguiendo mi propósito en lugar de buscando un rato de ocio. No digo que no me pueda tomar una caña en una terraza, ninguna posición extrema es sana, pero no es el fin de mis salidas de casa.


Revisando mi pasado, me he dado cuenta que con 16 años cruzaba un barrio de chabolas gitanas para ir al instituto y ahora he cambiado el lugar donde aprendo sobre el mundo, voy a un asentamiento informal a aprender, es el mejor instituto que la vida puede darme. Nunca pensé que la vida me llevaría a recorrer la favela Maré de Rio de Janeiro, la comuna 13 de Medellín, la Villa 31 de Buenos Aires, los territorios Zapatistas de Chiapas, la zona del Cerro de Montevideo, algunos Slums de Bombay o el vertedero tecnológico de Agbogbloshie en Accra. No hay un viaje reciente en el que no haya metido en la agenda una visita a un lugar o persona relacionada con mi proyecto de vida.

Quiero seguir viviendo de una manera sencilla, ligero de equipaje, probablemente cambie la caravana por una furgoneta camper para seguir disfrutando de la libertad y la acampada en cualquier parte. También lo veo como una pedagogía para nuestra hija, la naturaleza y los viajes, para promover una visión global y una conciencia ambiental. A ver como nos va …

Y tú … ¿Ya sabes como disfrutar de tus viajes?



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