Fiesta de cumpleaños

Esta semana cumple mi esposa y hace tiempo que no me divertía tanto organizando un plan sorpresa de cumpleaños. Con la pandemia no se pueden reunir grandes grupos, así que si la Mahoma no va a la montaña... He decidido hacer una celebración estilo “boda gitana”, varios días compartiendo con diferentes amigos que se han cuidado como nosotros, en lugar de reunirlos a todos.

Arrancamos con una cena española y fogata en casa el viernes, tortilla, jamón y vino alrededor de las llamas. Sigue el sábado con una ruta en bici. Ese es mi regalo sorpresa, un par de bicicletas. Cuando comencé a buscar bicis de segunda mano caí en la cuenta del gran mercado de bicis robadas en Bogotá, por lo que no me quise arriesgar y preferí comprarlas nuevas. Son demasiados robos en la capital, algunos incluso delitos de sangre, como para seguir alimentando la rueda. La primera característica que buscaba es que fuesen colombianas, ya era mucho pedir porque casi todas se fabrican fuera independientemente de la marca. Después, deberían ser económicas, y efectivamente, se paga más por lo de fuera. Por último, quería una silla para poder llevarnos a Lucía en los paseos por la vereda. Lo logre y estoy seguro que Lulu no se lo espera.

Después de la ruta en bici nos vamos a la laguna de Neusa, a visitar a unos amigos y compartir una merienda-cena, para pasar la noche en carpas a la luz de las estrellas. Al día siguiente, preparamos una barbacoa en casa, con los tres niños de nuestra amiga Cata, este es un plan que nos encanta. Le pido la parrilla al vecino y disfrutamos de un gran domingo, organizando actividades lúdicas, jugando petanca o haciendo la siesta en la hamaca. Por la noche llegan otros amigos a dormir a la cabaña, de nuevo cenita casera para acabar la semana.


Viene la recta final, salir en bici el lunes de madrugada cerca de casa y una merienda con los vecinos, partiendo la tarta con gente que nos quiere y nos cuida como si fuéramos sus hijos. Esto es todo, un año más en el calendario vital, pero momentos inolvidables que no costara recordar. Siempre he preferido regalar experiencias, cosas que marcan el corazón y no vacían la cartera, cosas que hablan del que regala y no del centro comercial donde se paga con tarjeta, detalles que se escogen desde el corazón y no compras por impulso, momentos únicos.



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