La caravana

Desde hace al menos 10 años, llevo escuchando a mi hermano hablar sobre su deseo de comprar una furgoneta para viajar más. Es un sueño que no ha podido hacer realidad con su día a día. En primer lugar porque se han puesto de moda y su coste es elevado, incluso de segunda mano. En segundo lugar por su consumo, ya que por lo general es un vehículo para el fin de semana. En tercer lugar por donde tenerla, porque sería necesario quitar un coche para poder comprar la furgoneta. Siempre le ha gustado la Volkswagen California, y en especial las nuevas que vienen con toldo y cama arriba, un capricho que vale cómo un piso.


Después de soñar yo también con ayudarle a hacer este sueño realidad, me puse a pensar y a buscar alternativas. De repente un día, llego a mi mente la idea de una caravana y comencé a mirarlas. Me gustaron porque valían una décima parte y eran como una mini casa, y porque también podríamos usar como espacio de trabajo cuando no estemos viajando. Buscando durante varias semanas encontré algunas muy económicas, pero les faltaba el baño o estaban muy viejas por el paso de los años. Hice algunas llamadas y finalmente vi una muy acogedora en la otra punta de España.

Me puse a pensar si era el momento ideal, y aunque creo que había muchas razones para esperar, nos decidimos a ir a por ella. Traté de involucrar en el proyecto a toda la familia, mi hermano el primero, pero también mis sobrinos (y convertimos el tarro de las cosas geniales en la hucha para hacer un sueño realidad: comprar la caravana), mi madre, mi padre y por supuesto mi esposa que siempre me apoya. Se trata de un proyecto familiar, para disfrutarla en compañía. Por un lado, me di cuenta que a mis sobrinos les quedan un par de años para comenzar a hacer más planes con sus amigos que con su tío. También a nuestra hija le tocará ir de forma obligatoria al colegio en ese tiempo. Y por otro lado, mis padres y mi suegro tienen aún calidad de vida y hay que disfrutar el momento.


Nos fuimos a Sevilla sin pensarlo demasiado, más de 1.000 kilómetros de viaje con mi hermano y compramos la primera que habíamos llamado. Al principio parecía un problema por el tamaño, porque no sabía si se podía conducir con el carnet de coche, porque llevaba seguro e ITV, porque no sabíamos si podría cargarla la bola de remolque. Con algunas de esas dudas viajamos y al final todo se fue resolviendo sobre la marcha, como pasa cuando las cosas fluyen y uno tiene una corazonada. Ya la hemos estrenado, viajando a un pueblo de Palencia las dos familias, creando un momento para el recuerdo, algo que no se compra con dinero. Poco a poco la iremos pagando y seguro que tiene buena venta más adelante si nos cansamos.


Este pequeño sueño es importante, no como capricho material sino por lo que significa, también porque me anima a lograr otras cosas más grandes, y refuerza mi sentimiento de que hacer sueños realidad es de lo que se trata la vida y merece la pena arriesgarse ...


Y tu, ¿Cuando fue la última vez que hiciste realidad un sueño?






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