La historia de un pueblo de León

Ayer estuve Villablino, un pueblo minero de León, de esos que dejaron las minas abandonadas y parece de película de terror. La sensación al atravesar el pueblo en coche era de tristeza, de soledad, de colores grises pálidos, quizá también el tiempo no acompañaba y le daba ese aspecto trágico.

En la parte de abajo cruzan las vías del tren de la línea Ponferrada-Villablino, para la antigua extracción del carbón de la gran empresa minera de la comarca, la Minero Siderúrgica de Ponferrada; aún se encuentran muchos vagones y los restos de los edificios del lavadero. También destaca la construcción de sus pisos o casas cuartel, torres muy similares, construidas por la empresa para los trabajadores de antes. Al pasar también leí en una pared, en un color rojo roído por el paso del tiempo, la palabra Economato, donde seguro se abastecían de alimentos los obreros, ya que paso de ser una comunidad agro-ganadera a una comunidad obrera minera.


También encontré la sede de Comisiones Obreras y me hizo recordar la lucha sindical y antifranquista de la clase obrera. Por lo que leí en Wikipedia, se produjo un gran crecimiento demográfico hasta superar los 15.000 habitantes, pero con la crisis de carbón se destruyo gran parte de su tejido económico, reduciéndose a unos 10.000 habitantes la población.


Del gris pasamos al color, entré en una ferretería a comprarme unas catiuscas y todo cambio, fue una experiencia muy cálida, en una de esas pocas ferreterías que quedan abiertas y tienen de todo, donde por cierto no me entendieron lo que quería hasta que pedí unas botas para la huerta, también tenían botas chirucas y segarra para caminar por la montaña, botas de calidad hechas en España.


Me encontré además con varios Land Rover Santana, como me gustan esos viejos 4x4 que te permiten ir a todos lados. El pueblo poco a poco me fue agradando y creo que volveré de vez en cuando, también es una vía de paso hacia Madrid y está a solo media hora de Somiedo, pero el cambio de clima y de paisaje es tremendo. En el camino me encontré unas montañas cubiertas de un manto morado, al bajar el puerto estaba despejado, un espectáculo para los sentidos y un recorrido lleno de curvas que para conducir resulta muy entretenido.



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