La Noria


Una mezcla de miedo y diversión, eso es lo que sentí, como un emprendedor. El otro día me subí a la noria, o la rueda Chicago como la llaman por aquí, sentí el mismo vértigo, da igual el país. Fue positivo volver a sentir miedo otra vez, porque la altura es una de mis debilidades y me hace asustarme. Pero aún así comencé a mirar hacía abajo, para sentir el vértigo y el miedo a caer desde tan alto. Observaba por un lado Ciudad Bolívar que con sus miles de luces parecía un árbol de Navidad, también observé Montserrate y su majestuosidad. Me gustó sentirme niño una vez más, como cuando me llevaban a las ferias del sardinero en verano, donde me asustaba el tren de la bruja aunque fuese acompañado de mi hermano. También me vino el recuerdo del parque de atracciones de Madrid, de cuando entramos en la casa del terror y perdí un zapato al salir corriendo.

Después uno se hace grande y no quedan muchos momentos para vivir esa diversión como antes. Comienza uno a trabajar y cuando se quiere dar cuenta está viendo los partidos del domingo para evitar pensar en que el lunes está a la vuelta. Se asocia la diversión al alcohol, se ve televisión y se duerme más de la cuenta, como mucho se practica algo de deporte para no sentirse tan mal al final de cuentas, pero ya no se divierte uno como antes, ya se cuidan las formas y las relaciones sociales, se madura y parece que jugar esta lejos de nuestro alcance, llega la edad adulta y se nos olvida que jugar era una parte tan importante.

De repente, mi hermano me da una de las mejores noticias de mi vida, voy a ser tío, que maravilla. Recuerdo la alegría de coger a Hugo en brazos el primer día, que lotería. Llego de nuevo la vida, puedo volver a jugar como antes, puedo ser niño sin disfrazarme, puedo divertirme con mis sobrinos como lo hacía antes. Después se vino el voluntariado en Ghana, una oportunidad de dejar volar la imaginación y divertir a 80 niños. Fueron momentos inolvidables, algo cambió dentro de mi y sentí amor al compartir. He seguido buscando estas oportunidades siempre que he viajado a comunidades. Me encantan los niños y me divierto con ellos, trato de ser auténtico.

Ahora soy más consciente que antes, de como estoy perdiendo un valioso tiempo de compartir con mis sobrinos al vivir tan distante, pero por otra parte creo que mi relación con Hugo y Manuel es más auténtica y profunda que si los viese a cada instante. Los extraño y cuando viajo a España trato de pasar el mayor tiempo posible con ellos, organizamos viajes en familia a cualquier parte y jugamos fútbol en la pista de Santiago el Mayor donde jugábamos de pequeños mi hermano y yo.

Después llegan Samuel y Simón, mis sobrinos Suizos que quiero un montón, en breves llegará Gabriel, otro miembro de la familia con el que jugar también. Los vemos todos los años, en Suiza, España o Colombia, los disfrutamos al máximo, en la nieve, la playa o la montaña. Es un regalo de la vida, compartir tiempo con estas personitas.

En estos momentos, estoy esperando ser padre, si Dios quiere será más pronto que tarde, vamos a adoptar un niño/a en Colombia, vamos a crear familia y cambiar la historia, la nuestra y la de esta personita que se une a nuestra vida, vamos a dar lo mejor que tenemos cada día. Se que no será fácil o de color de rosas, que trabajo mucho, que no me gusta el desorden, que necesito concentrarme y me molestan las interrupciones, se que debo aprender a ser padre y no hay manual ni consejo que valga sino ponerse la 10 y echar pa´delante. La vida gira y se detiene en este instante, todo cambia y ya nada será como antes, pero mientras haya espacio para el juego y la diversión podremos controlar el miedo y sentirnos vivos.

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