Resiliencia


Hoy voy a hablar de esta palabra que está de moda, aunque mi vida no sea el mejor ejemplo me doy cuente que he sido resiliente en diferentes momentos. Quiero compartir algunas historias cotidianas que vienen a mi memoria y me dan alas. Son momentos importantes en mi vida donde he podido salir adelante, continuar, levantarme una vez más, salir a flote, sobrevivir, avanzar, aprender y todas esas cosas que se dicen del fracaso, que no existe sino en la mente, que no hay mejor lección o experiencia de crecimiento.

El primer recuerdo que me viene a la mente es cuando mis padres se separaron. Recuerdo que no hablé con ningún amigo de mis sentimientos, simplemente me puse a trabajar y abrí Polo café bar. En realidad ahora que ha pasado el tiempo lo agradezco, estoy seguro que sin este acontecimiento hoy no sería la persona que soy, no habría hecho realidad tantos sueños, no habría viajado por el mundo o me hubiese atrevido a emprender y ser auténtico. En lugar de quedarme quieto, soñé con ayudar a mi mama montando un negocio y esforzándome más. No hubo tiempo para llorar, simplemente confié y me lance a la aventura.

A los pocos años otro momento crucial, cierro Polo Café- Bar. Definitivamente me equivoqué confiando en muchas personas que me acompañaron en esa aventura y resulté lleno de deudas, que finalmente pude pagar al traspasar el negocio y dejar el lugar en manos de otro. De nuevo la soledad, la tristeza y el fracaso asomaron por la puerta. En esta ocasión si pude conversar con alguien, fue Iñigo un gran apoyo para seguir adelante. Decidí viajar a Londres y cambiar de aires, aprender inglés y comenzar de 0 otra vez.

En Manhattan me quedé sin dinero en las primeras semanas, tenía mucho miedo, pero no me resignaba a fracasar de nuevo. Seguí buscando empleo, ahorrando en las comidas (mi cena esos días eran dos porciones de pizza y una bebida por 1.75 dólares) y caminando para no usar el metro. Entendí que podía pedir dinero a mi familia y amigos, pero que esa solución fácil no iba conmigo. Finalmente logré un trabajo en un restaurante mexicano, pude pagarme mi estancia y conocer el estilo de vida americano.

En Colombia vivi un momento delicado, mi organización paró, con el ébola en Africa cancelaron todos los voluntarios ese verano y no tenía mucho efectivo para seguir tirando. Gracias a Dios todo se organizó, una familia me acogió en Ciudad Bolívar, me alimento y dio cobijo, me ayudó a conocer el sector y me inspiró a pasar a la acción. Seguí trabajando, comencé a dar conferencias y también a lograr voluntarios. Pude pagarme una pieza en la 40 Sur, pasé un poco de hambre pero nada grave. En esta ocasión la soledad fue clave. Invertí tiempo en mi, en conocerme y decidir hacía donde ir, también mi esposa fue importante, para aislarme los fines de semana de la realidad dura que veía a mi alrededor de manera constante.

Creo que todos somos resilientes, en algunos momentos y te invito a sacar del baúl tus mejores historias, a darte una palmada en la espalda al recordarlas, te invito a pensar en como te sentiste y que funcionó para no rendirte.

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