Volvemos a España

Hace 15 años que dejé Santander para conocer mundo, empecé por Londres y Nueva York, pase por Africa e India para terminar los últimos 8 años en Colombia y conocer Latinoamérica. Son muchos recuerdos y amistades que llevo en el corazón después de tantos años. Sin embargo, hace unos días que venimos reflexionando y hay una decisión que hemos tomado: Volvemos a España (por lo menos unos años).


Consideramos que es un buen momento para estar unidos, más cerca de la familia, para que Lucia comparta con sus abuelos y sus primos, para que Lulu esté cerca de sus hermanas y yo de los míos. También hay una oportunidad de aceleración para mi empresa social que no quiero desaprovechar. La intuición nos dice que ese es el camino y la seguimos. Ya tenemos los billetes, hemos vendido la cabaña y prácticamente todas las cosas de la casa. También estamos saliendo de los coches y organizando todo para viajar ligueros de equipaje. Será un reto empezar de nuevo, pero lo bueno de vivir austeros es que no se necesita mucho para estar contentos.

Todo pinta que llegaremos a Somiedo, un paraíso natural, una zona con muy pocos habitantes, una Reserva de la Biosfera, un pueblo de postal donde todavía en los inviernos nieva. Mi socio Dani ha montado un Co-living, y está detrás del supermercado del pueblo, apoya también una empresa de escalada y acaba de abrir una escuela de emprendimiento rural en medio de la nada. Creo que es el ecosistema ideal, calidad de vida y muy buena energía, espíritu emprendedor y compromiso con lo local, tradiciones y costumbres se mezclan con vida nómada y tecnología, una maravilla. Ha resultado clave la flexibilidad laboral de Lulu después de dejar la Universidad, para poder viajar y trabajar desde casa. Es probable que viajemos con frecuencia a Madrid y podamos también estar en Santander semanas enteras, está a tan solo 3 horas y son muy buenas las carreteras. De nuevo vamos a vivir de alquiler y compraremos un coche de segunda mano también.


Estoy muy agradecido por todas las personas nobles que he conocido, por la ayuda que me han prestado desde que he llegado, por la belleza que han contemplado mis ojos y por los sonidos más hermosos; por el baño en el Amazonas o navegar el río Orinoco, por visitar los pueblitos de Boyaca o dormir en Chingaza, por entrar en una cárcel y años después cenar en increíble restaurante, por recorrer la comuna 13 de Medellín y la zona cafetera en coche, por subir la línea y compartir con campesinos en Viota, por los talleres para la Uniminuto en el Jardín Botánico de Tena, por pasar una semana con la Comunidad Indígena de Guambia y compartir con Muiscas en Chía, por vivir en una comuna y en el campo … por tantas cosas buenas. Ya he perdonado a la manta raya que me picó en el Chocó, porque mereció la pena ver ballenas jorobadas a 1 metro.


No me voy triste porque aprendí que el pueblo latinoamericano es parte de mi, que amo estas tierras, que dejamos muchas puertas abiertas, que tenemos casas donde llegar y familias de corazón que nos acompañan, porque he conocido personas extraordinarias y seguiremos conectados a pesar de la distancia. Llegué sin nada y regreso con una familia, le debo mucho a la vida.



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