La lentitud

Estoy leyendo “Elogio de la lentitud” estos días, después de intercambiar correos con Carl Honoré hace unos meses, y está resultando muy conveniente, estoy siendo más consciente, volviendo a mi ritmo, haciendo pausas y reflexionando sobre como quiero pasar mis días, sobre mi propósito y mis objetivos, sobre como quiero llegar a los 50 y al atardecer de la vida, sacando conclusiones de filosofía y antropología.

Creo que siempre que cierro ciclos o hay cambios importantes en mi vida, tiendo por naturaleza a acelerar, a trabajar más, a no parar de pensar, para no dejar pasar ninguna oportunidad, a no respirar. Sin embargo esta vez no ha sido igual, acompaso mi ritmo al del pueblo, me adapto a la corriente del río y las conversaciones sosegadas con los vecinos, cultivo la paciencia sembrando tomates y me relajo encendiendo la fogata para calentarme.

He vuelto a incluir el caminar en mi día a día, 1 hora por las mañanas casi todos los días, para subir a la braña o por el sendero del río de Pola, para escuchar a la naturaleza despertar, con los cencerros de la vacas y las diferentes luces del amanecer en directo, sintiendo el frío en las manos y las mejillas, maravillado con las orquídeas moradas y los diferentes tonos de verde de las montañas. Esta hora de soledad, silencio y contemplación me hace bien, lo siento, lo se. También la pausa después de comer, para hacer la siesta y leer un rato con un café. Los momentos de la tarde con Lucía, viéndola crecer, escuchado como cada día habla más claro y estructura las frases con un rico lenguaje que parece que tiene más años.

De nuevo busco conversaciones con la gente, ahora que el ambiente por aquí está un poco más relajado retomo este hábito. Por mucha tecnología y teletrabajo, por mucha banda ancha y 5G nada como mirarse a los ojos de frente, nada como escuchar activamente, nada como sentir la emoción del que habla y estar presente, somos animales sociales y necesitamos el contacto cercano.

El río es mi amigo, aprovecho los días de sol o las visitas de familiares y amigos para refrescarme en estas aguas gélidas que bajan de las montañas, para dar gracias por esta compañía, por esta banda sonora que tenemos en Caunedo, por este milagro de la vida que me alegra los días. Disfruto más de la comida, me gusta cenar de pie como si estuviese en un bar de tapas, saboreando y en compañía de la familia, también la comida casera de mi madre o alguna visita a “Casa Lolo” para explorar los manjares locales; escondí el microondas que había en la casa y volví a la cafetera que silba cuando está listo el café y le pongo un poco de panela para endulzarle.

Y tu, ¿Eres consciente de cual es tu ritmo?



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