La envidia


Hoy voy a compartir algunas ideas sobre la envidia, ese factor cultural o deporte nacional. Este sentimiento que en ocasiones no podemos evitar se puede contrarrestar. No hay que sentirse tan mal por dejarlo aflorar en algunos momentos, es parte de nuestra esencia humana y natural, es algo normal. Dicho esto, tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados y dejarla actuar, debemos de tratar de controlarla y para eso hay que entrenar. Recuerdo algunos momentos concretos donde automáticamente aparece la envidia, es algo irracional que te secuestra y no te deja pensar. Después de unos minutos me doy cuenta y la logro controlar, pero sigo entrenando para que no vuelva a pasar:

Hace unas semanas coincidí con un emprendedor que no veía desde hace tiempo, para mi sorpresa se había convertido en un consultor de éxito. En el tiempo que no nos veíamos, había logrado entrar a grandes empresas y vender sus servicios, por cierto muy parecidos a los míos. Lo volví a escuchar y sentía que le faltaba algo, podemos ser muy críticos con los demás pero no ver nuestros defectos todos los días. Entonces afloró la envidia, por no disponer de las mismas oportunidades para demostrar mi valía, por no facturar más o entrar a diario en empresas de carácter multinacional. Después de unos momentos pude poner en marcha la razón y valorar su esfuerzo. Me di cuenta que estaba realizando un gran trabajo en comunicación y venta, cosas a las que yo no dedico tiempo, por eso no vale la envidia sino ponerse a trabajar en ello.

En otra ocasión comí con un amigo. Me comentó que estaba trabajando para una gran Universidad, dando clases en sus ratos libres al salir de la empresa, disfrutando con los estudiantes de postgrado. Llevo cinco años en Colombia y poco a poco he podido crear una trayectoria como conferenciante y profesor, me he regalado mucho, he practicado siempre con público, he tocado todas las puertas y trabajado más de la cuenta. De repente, entendí que yo había hecho gestiones para trabajar con esa Universidad y no había pasado nada, sin embargo mi amigo entro de una vez y además le pagan muy bien. De nuevo la envidia aparece, de nuevo genera ruido en mi mente. La dejo llegar, la escucho o me escucho sin juzgar y después vuelvo a la razón para darme cuenta que no tiene sentido.

Hago investigaciones de mercado casi a diario, tengo un radar de las nuevas organizaciones que aparecen en el mercado. Sigo copiando y mejorando, dando lo mejor de mi para lograr un mayor impacto. Sin embargo, ayer pude navegar por la web de una organización que trabaja voluntariado, un negocio de la pobreza según mi olfato. De repente volvió a pasar, llego la envidia. Me di cuenta que en tan solo un año lograban enviar tres veces más voluntarios, facturaban el triple que mi organización y tenían una web más profesional y mejor. Tardo poco en volver a llegar la calma, en volver a enfocarme en lo que estoy haciendo para mejorar, los nuevos acuerdos y proyectos, mi propósito en la vida y los 50 años para transcender en esto. De nuevo logre una victoria sobre el ego, la envidia se desvaneció sin más en ese momento.

En resumen, creo que es humano tener sentimientos negativos a lo largo del año. Creo que es sano dejarlos entrar para despertar la autoconciencia. Pero es posible combatir la envidia, solo se necesita autoconfianza y entrenarla todos los días. La confianza en uno mismo y el trabajo duro son el mejor remedio, proyectos a largo plazo y un enfoque sereno. El tiempo juega a nuestro favor, en lugar de distraerme sigo trabajando. Entreno en las mañanas, antes de que amanezca, en soledad y silencio, cuando otros duermen yo construyo mi éxito. Esas horas de la mañana sirven para forjar mi actitud, para entrenar la autoconfianza y el control, para crecer cada día sin mirar al resto.

Te invito a reflexionar sobre esto, a tomar anotaciones sobre tus sentimientos, a cultivar una cultura del esfuerzo y no dejarte llevar por la crítica en exceso. Te invito a hacer realidad tu mejor versión, a lograr esa gran visión que tienes de ti mismo, a soñar y hacer realidad tus objetivos.

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